En un comunicado llamó a que el proceso de transición democrática en Venezuela “se desarrolle de manera pacífica”.
El Gobierno de Perú ratificó hoy su respaldo al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, quien este miércoles se autoproclamó como presidente “encargado” del país suramericano.
Mediante un comunicado, la Cancillería de Perú señaló que “ante la ilegitimidad del régimen de Nicolás Maduro”, decidió apoyar la toma de posesión de Guaidó.
La Cancillería confirmó así el anuncio realizado poco antes por la vicepresidenta del país, Mercedes Araoz, quien expresó la posición del Perú en ese sentido tras participar en una reunión en el Foro de Davos con los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro; Colombia, Iván Duque y Ecuador, Lenín Moreno. Tras esa reunión, los Gobiernos de Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Canadá anunciaron que reconocen a Guaidó como “presidente de
Venezuela”.
En su comunicado, el Gobierno de Perú hizo un llamado “para que el proceso de transición democrática se desarrolle de manera pacífica, transparente y respetando las garantías constitucionales y derechos fundamentales de todos los venezolanos”.
En el documento también expresa que se espera que en el más breve plazo se convoque a una nuevas elecciones “con la participación de todos los actores políticos, observando las garantías y estándares internacionales para un proceso democrático”.
“Cuenta con nosotros para abrazar de nuevo la libertad y la democracia”, expresó el mandatario Mario Abdo
El presidente de Paraguay, Mario Abdo, expresó su apoyo al jefe del Parlamento, Juan Guaidó, quien se juramentó como “presidente interino” de Venezuela, durante la concentración opositora realizada hoy en la plaza Juan Pablo II de Chacao, en Caracas.
Por medio de un tuit, el mandatario paraguayo mencionó que Guaidó, “cuenta con nosotros para abrazar de nuevo la libertad y la democracia”.
Andrés Manuel López Obrador, el candidato a la presidencia de México por la coalición Juntos Haremos Historia, en el cierre de su campaña en el estadio Azteca en Ciudad de México, el 27 de junio de 2018
CIUDAD DE MÉXICO — Andrés Manuel López Obrador lo conoce mejor que nadie. Ha tenido que lidiar con la presencia de Chávez demasiadas veces. En la campaña electoral de 2006 tuvo que enfrentar una estrategia publicitaria que, asociándolo al difunto presidente venezolano, lo señalaba como “un peligro para México”. En las elecciones de 2012 también pasó lo mismo. Se hizo famoso un volante, distribuido por todo el país, donde aparecían los dos líderes, casi a punto de beso, con la curiosa leyenda “Por fin juntos”. Esta vez, nuevamente, han aparecido propagandas que comparan a AMLO con Chávez. Y, al igual que en las dos contiendas electorales anteriores, no ha faltado alguna denuncia que sostiene que la campaña del tabasqueño es financiada por el gobierno de Venezuela. Sin embargo, al menos según las encuestas, parece que la mayoría de los mexicanos ya no le temen al fantasma de Hugo Chávez.
¿Qué falló esta vez? ¿Acaso el fracaso de los gobiernos del PRI y del PAN ha sido más poderoso que el temor a la supuesta izquierda radical? ¿La invocación al virus del populismo ya no tiene ningún efecto? ¿Por qué el trágico ejemplo de Venezuela ya no funciona como amenaza? ¿O es que, en realidad, finalmente, AMLO y Chávez no se parecen tanto, no son la misma cosa?
En rigor, las diferencias entre ambos dirigentes son notables. Hugo Chávez era un teniente coronel que trató de tomar el poder por las armas. Llegó a la política porque fracasó con la violencia. Antes de ser presidente, jamás ocupó un cargo público. Tenía más experiencia como animador o comentarista de radio que como líder político. Nunca dejó de ser un militar. En sus primeros meses de gobierno, en 1999, aseguró que no creía en los partidos, que él gobernaría con los militares. Y eso fue lo que hizo.
La trayectoria de López Obrador es absolutamente diferente. Es un líder que nació y se forjó en las cavernas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ha recorrido un largo trayecto en la política, tanto dentro de los partidos en los que ha militado como en las diversas funciones de Estado que ha ejercido. AMLO no viene del uniforme y de la obediencia ciega. Viene del fracaso y de la negociación. No es poca cosa.
Tampoco los contextos nacionales en que ambos han surgido son similares. Por supuesto que los dos países han compartido a lo largo de su historia las mismas tragedias: desigualdad, pobreza, corrupción, impunidad, violencia… pero Venezuela es realmente el único Estado petrolero de toda Latinoamérica. Esto determinó, hasta hace muy poco, una idea particular de los venezolanos sobre temas tan simples como la riqueza, el trabajo y el Estado.
Chávez jamás pensó que era necesario producir riqueza. Creía que la riqueza ya existía, que brotaba naturalmente del fondo de la tierra, que solo era necesario saber repartirla. Chávez vivió del Estado desde que nació hasta que murió. Incluso durante todos los años que estuvo conspirando, siguió siendo un soldado, el Estado lo financiaba. Ya se sabe: el poder de un petro-Estado es absoluto. Quien lo controle, controla la economía y la vida social del país. Chávez se hizo presidente para poder dar el golpe que ya había intentado. Pero lo hizo entonces con más eficacia: desde el Estado.
Los venezolanos llevamos dentro un apocalipsis y es natural que vayamos por todos lados viendo nuestro horror. Pero es muy difícil que AMLO pueda convertir a México en otra Venezuela.
México es un país mucho más complejo, con otras dimensiones, con una economía mucho más variada y potente, con protagonistas y relaciones de poder más firmes, menos dependientes del Estado. Hay un México productivo, comercial, turístico, que no necesariamente depende de la política; hay un país ciudadano, organizado, profesional, que vive y avanza más allá de quien esté en Los Pinos. Es cierto que ocupar la presidencia y dominar el Congreso supone controlar un poder importante, pero México —aunque muchos ciudadanos no lo crean— tiene muchas y mayores defensas ante cualquier pretensión personalista. El caudillismo se alimenta de las simplezas. En su propia diversidad, México tiene su mejor resistencia.
Obviamente, también hay muchas cosas en las que AMLO y Chávez coinciden. Chávez también estaba convencido de que no había sido elegido para hacer un buen gobierno, sino para sacudir la historia. Al igual que AMLO, tenía una fascinación por sí mismo y por su papel heroico en la vida del país.
El fallecido Hugo Chávez, expresidente de Venezuela, sostiene una cruz en el Palacio de Miraflores en Caracas el 4 de julio de 2011.Credit Leo Ramírez/Agence France-Presse — Getty Images
AMLO no cree que los mexicanos votarán para que él cambie algunas cosas y administre mejor el Estado durante seis años. No. Él se siente convocado a una tarea más épica. Cree que lo van a elegir para que haga la “cuarta revolución”, para que transforme la historia. Lo que sigue todavía es más peligroso: AMLO, al igual que Chávez, vende la tentadora y suicida promesa de que realizar esta transformación es muy fácil. Que es una faena que, además, está irremediablemente ligada a su persona, a su buena voluntad. Es un ejercicio egocéntrico que pretende sustituir la política con magia, que supone por ejemplo que, aunque esté rodeado de corruptos, la sola presencia de AMLO en la presidencia garantizará que no habrá corrupción durante su mandato. Esos espejismos sirven para ganar elecciones pero no para gobernar.
Los mexicanos, hartos del PRI y del PAN, parecen haber optado por la sencilla ecuación de darle la oportunidad a un tercero, de premiar la terca persistencia de AMLO. La campaña electoral ha sido larga, muchas veces mediocre. Con más sangre que ideas. Cuarenta y tres candidatos o precandidatos han sido asesinados durante este proceso electoral. Meade y Anaya no han podido sobrevivir a los respectivos pasados que ambos representan. También han demostrado que no se puede abusar de los fantasmas.
Venezuela ahora exporta más migrantes que petróleo. Los venezolanos llevamos dentro un apocalipsis y es natural que vayamos por todos lados viendo nuestro horror, tratando de narrarlo. Pero es muy difícil que AMLO pueda convertir a México en otra Venezuela. Es imposible que suprima su heterogeneidad, que le dé a los militares un protagonismo absoluto en la vida pública.
Más poderosa que AMLO como presidente es la sociedad mexicana. Si algo puede aprender de Venezuela es a no repetir sus errores, a no engancharse mediáticamente en un juego narcisista con el nuevo presidente, a no poner a girar al país a su alrededor. Tanto la oposición política como la sociedad civil deben, por el contrario, apoyar y seguir construyendo espacios y relaciones de poder ciudadano, reforzar ese otro país, diverso, productivo e independiente, cuya utopía es un gobierno eficaz y decente.
Los mexicanos tienen sus propios fantasmas. Ellos también saben de revoluciones. La última produjo una institución que se mantuvo, de forma perversa, durante setenta años en el poder.
El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, fue reconocido como presidente de Venezuela. Foto: AFP
Los gobiernos de Ecuador, Brasil, Colombia, Perú y Costa Rica anunciaron este miércoles 23 de enero del 2019 en Davos (Suiza) que reconocen al presidente del Parlamento de Venezuela, Juan Guaidó, como “presidente de Venezuela”. El anuncio se hizo tras una reunión en la que participaron los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro; Colombia, Iván Duque; Costa Rica, Carlos Alvarado; Ecuador, Lenín Moreno, y la vicepresidenta de Perú, Mercedes Aráoz. El reconocimiento se dio después de que el jefe del Parlamento, el joven opositor Juan Guaidó, se proclamó como presidente interino de Venezuela para buscar la salida del poder del mandatario Nicolás Maduro, ante una masiva manifestación de seguidores en el este de Caracas. “Juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como el presidente encargado de Venezuela para lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y tener elecciones libres”, manifestó desde la tarima, con la mano en el pecho. Ingeniero de 35 años que asumió la jefatura legislativa el pasado 5 de enero, Guaidó dijo estar facultado por la Constitución. “Hoy doy el paso con ustedes, entendiendo que estamos en dictadura”, dijo, enardeciendo a la muchedumbre que gritaba “Guaidó, amigo, el pueblo está contigo”. El jefe legislativo dijo contar con el apoyo del Parlamento -de mayoría opositora- y gran parte de la comunidad internacional, que considera “ilegítimo” el segundo mandato que inició Maduro el pasado 10 de enero, por considerar que fue reelegido en mayo en unos comicios fraudulentos. De inmediato, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo reconoció “oficialmente”. “La oficina de la presidencia quedó vacante”, dijo en un comunicado, al referirse a Maduro como “ilegítimo”. La multitudinaria manifestación opositora era contrarrestada por otra muchedumbre de seguidores de Maduro, la mayoría con atuendos rojos, que se concentraba en otros sectores de la capital y el país para rechazar lo que denuncian como un golpe de Estado en curso orquestado por Washington. La marchas, primer gran pulso en las calles desde las protestas que dejaron unos 125 muertos en 2017, se desarrollan bajo tensión por disturbios que dejaron seis muertos -según nuevo balance del Observatorio de Conflictividad Social- entre la noche del martes 22 de enero y madrugada del miércoles en Caracas y otras ciudades del país.
Los diputados de la mayoría opositora acordaron “designar” a Tarre Briceño como “representante especial” ante la OEA, “con el propósito de coordinar con esa organización las acciones necesarias para el restablecimiento del ordenamiento constitucional” en el país caribeño.
Seguimos cumpliendo con el compromiso de nuestro Parlamento y nuestra gente, al no dejarla sola en ningún espacio”, dijo el jefe de la Cámara, Juan Guaidó, tras señalar que el acuerdo fue aprobado “casi por unanimidad
La Asamblea Nacional de Venezuela (AFP)
Los diputados de la mayoría opositora acordaron “designar” a Tarre Briceño como “representante especial” ante la OEA, “con el propósito de coordinar con esa organización las acciones necesarias para el restablecimiento del ordenamiento constitucional” en el país caribeño.
Gustavo Tarre Briceno
“Seguimos cumpliendo con el compromiso de nuestro Parlamento y nuestra gente, al no dejarla sola en ningún espacio”, dijo el jefe de la Cámara, Juan Guaidó, tras señalar que el acuerdo fue aprobado “casi por unanimidad”.
Esta misma jornada, los legisladores aprobaron otro documento que acuerda la permanencia del país en la OEA, y contraría así el proceso que inició el Gobierno de Nicolás Maduro para abandonar el ente de integración regional.
La decisión del Legislativo, cuyas decisiones no son acatadas por la rama Ejecutiva luego de que fuera declarado en “desacato” por el Supremo en 2016, supone otra muestra del desconocimiento que la oposición hace al nuevo mandato presidencial que juró Nicolás Maduro ante el Supremo hace casi dos semanas, y cuya legitimidad desconoce.
El líder chavista se impuso con holgura en los comicios presidenciales de mayo pasado, unas elecciones en las que no participó la mayoría de la oposición que tachó las votaciones de fraudulentas. Por esta razón, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea (UE), así como varios Gobiernos de la región, han declarado que no reconocer la legitimidad del segundo mandato de Maduro.
Justo esto señalan los diputados en el texto cuando recuerdan que, si bien es competencia del Ejecutivo designar embajadores y jefes de misiones diplomáticas, “como consecuencia de la ruptura del orden constitucional”, al usurpar Maduro la Presidencia, “esas normas han dejado de aplicarse”.
También se indica que debe enviarse “una comunicación” al secretario general de la OEA, Luis Almagro, para que tome “debida nota del presente acuerdo”.
La semana pasada, Almagro -quien critica abiertamente la Administración de Maduro- se mostró proclive a “reconocer” a un embajador nombrado por un gobierno interino en Venezuela, aunque esta última situación aún no se ha producido.